IA, lo que está por llegar

A lo largo de la historia lo único que ha limitado nuestra capacidad de desarrollo ha sido la imaginación, el estado de la tecnología y los recursos de que disponíamos en cada momento. En nuestro afán por seguir creciendo hemos optimizado los procesos, creado tecnologías más potentes y desarrollado nuevos materiales capaces de soportar las circunstancias más extremas.

El control de la electrodinámica para crear nuevos procesadores, las propiedades de las partículas subatómicas que generan energías más potentes, o los nanomateriales, capaces de dotar de increíbles propiedades a cualquier producto que tengamos en la mente son solo algún ejemplo de ello. Todo esto nos ha permitido desarrollar campos más complejos que la mera naturaleza y han abierto nuevas tendencias tecnológicas que hace siglos eran imposibles de imaginar.

Entre todos estos retos nos hemos planteado solucionar uno de los más complejos: la emulación del cerebro humano y la inteligencia. Como si del doctor Frankenstein se tratara, nos hemos embarcado en la obra de poder dotar de cualidades humanas a las máquinas con un único objetivo, hacerlas pensar y, en cierto modo, dotarlas de vida.

La inteligencia tiene características que trabajamos en el día a día para poder sobrevivir; nos permiten desde planificar el primer café de la mañana a recordar la ruta que debemos realizar a la vuelta del trabajo. Cada una de las decisiones que tomamos, nos hace tener que trabajar por los distintos estados de la inteligencia y ponderar si la decisión que acabaremos tomando puede beneficiarnos o perjudicarnos.

Esto mismo es aplicable a las funciones que las máquinas podrán desarrollar en las empresas.

El mundo de la IA presenta muchísimos retos que afronta desarrollando técnicas, cada vez más potentes, que a medida que se asienten nos harán trabajadores más eficaces y productivos para las compañías.
Podemos llegar a dotar a una máquina del recuerdo de los procesos óptimos para la ejecución de una tarea, evitando de este modo posibles errores que puedan perjudicar a la compañía y, por supuesto, a nuestro crecimiento profesional.

Se la puede entrenar para que descubra cuales con las decisiones más acertadas en futuras campañas o crecimiento estratégico basándose en registros anteriores y garantizando los resultados favorables.

Incluso podríamos, tal y como hace Commons, dotarlas de empatía para que puedan comunicarse con nuestros clientes en función de su edad, estado y género, dando una imagen más cercana de la empresa a los usuarios e impactando mejor en el mercado.

No solo eso, en nuestras oficinas estamos trabajando nuevas líneas de investigación capaces de predecir los fundamentos de los pensamientos de las personas.

Desde el big data a las modelos de machine learning estamos intentando emular todas las funciones de la inteligencia y en algún momento mejorarlas. No olvidemos que, después de todo, el número de neuronas que hay en nuestro cerebro es limitado mientras que el nivel de computación que podamos destinar en un futuro a trabajar en estos procesos solo dependerá de la cantidad de recursos que queramos utilizar.

Álvaro Gonzalo, Chief Business Development Officer en Commons.fm